viernes, 18 de noviembre de 2011

La boca y el gusto

¿Cuántas veces te has relamido al probar el postre que más te gusta? ¿Cuántas veces te han dicho que mastiques despacio? ¿Cuántas veces te han tenido que decir tus profesores que dejes de hablar? Pues bien, todo esto ocurre en la boca. En la boca comienza la digestión, está el sentido del gusto, se articula la palabra y además entra y sale una pequeña parte del aire que respiras.
¿QUÉ HAY DENTRO DE LA BOCA?
La boca está formada por una gran cavidad. Esta cavidad está cerrada por delante por los labios. Detrás de los labios están los dientes, que sirven para masticar los alimentos.
En el suelo de la boca está la lengua. La lengua es un órgano formado por un músculo que tiene una gran movilidad, y que participa en la digestión y en la articulación de la palabra.
El techo de la boca está formado por el paladar. Por delante está el paladar duro y sobre él se apoya la lengua para articular palabras y manipular los alimentos. Más hacia atrás está el paladar blando; esta zona es donde está la campanilla.
Los lados de la cavidad, lo que llamamos “mofletes”, están formados por músculos que nos ayudan a masticar o a soplar.
El fondo de la cavidad bucal se comunica con otra cavidad, la faringe.
La saliva se produce en las glándulas salivares ¿Sabías que una persona mayor produce entre un litro y un litro y medio de saliva cada día? La saliva humedece la boca y ablanda la comida. Las glándulas salivares vierten la saliva en la boca a través de unos conductos muy pequeños.
¿PARA QUÉ UTILIZAMOS LA BOCA?
La boca se utiliza para masticar los alimentos, para percibir los sabores, para hablar y para respirar.
En la boca comienza la digestión. Se realiza la masticación, la salivación y la deglución de los alimentos. En la masticación la comida es triturada por los dientes. La lengua empuja los alimentos contra el paladar duro y los mezcla con la saliva. En la deglución, la lengua empuja los alimentos hacia la faringe; la presión que ejerce cierra las vías respiratorias y los alimentos pasan al esófago.
En la boca está también el sentido del gusto. El gusto nos permite distinguir los sabores.
Los labios, los dientes, el paladar duro y la lengua participan en la importante tarea de articular palabras y sonidos. En la boca se modifican las ondas sonoras que se producen en la laringe para producir los sonidos.
Además de por la nariz, el aire que respiras entra y sale de tu cuerpo también por la boca.
EL SENTIDO DEL GUSTO
Si miras tu lengua delante de un espejo observarás unas pequeñas elevaciones, son las papilas gustativas. En las papilas gustativas está el sentido del gusto. Gracias a este sentido somos capaces de diferenciar los distintos tipos de sabores. Cuando un alimento llega a la boca y se mezcla con la saliva, las papilas envían la información del sabor al cerebro.
Existen cuatro sabores básicos, el dulce, el salado, el agrio y el amargo. En las distintas zonas de la lengua se capta un sabor diferente. Así, en la punta de la lengua están las papilas del sabor dulce y muy cercanas las papilas del sabor salado; en los lados se sitúan las papilas del sabor agrio y en la zona de atrás las del sabor amargo. El sentido del gusto está muy relacionado con el olfato.
¿QUÉ ME PASA EN LA BOCA?
Algunos niños pueden nacer con defectos en la boca que pueden influir sobre el habla. Además, en la boca pueden producirse infecciones. En los dientes pueden aparecer caries. Las caries son la destrucción de una zona del diente por una bacteria que actúa junto con los azúcares de los alimentos.
Las glándulas que producen saliva pueden inflamarse. Las paperas son una inflamación debida a un virus. Hoy existe una vacuna para esta enfermedad que se pone cuando los niños son pequeños.
Una alimentación sana y el cepillado diario de los dientes ayudan a evitar que aparezcan problemas en la boca.

El aparato digestivo

Para que tu cuerpo pueda crecer o realizar cada día miles de actividades, necesitas la energía que te proporcionan los alimentos. Sin embargo, tu cuerpo no puede utilizar los alimentos tal y como tú los conoces; necesita modificarlos mediante la digestión. Los órganos que hacen posible la digestión forman el aparato digestivo.
¿QUÉ ES EL APARATO DIGESTIVO?
El aparato digestivo es el conjunto de órganos en los que se produce la digestión. La digestión es un proceso mediante el cual los alimentos se dividen en sustancias más pequeñas, llamadas nutrientes. La función de los órganos del aparato digestivo es descomponer los alimentos en nutrientes, absorber estos nutrientes y eliminar los restos de los alimentos en forma de heces.
El aparato digestivo está formado por dos tipos de órganos: por los que pasa el alimento (la boca, el esófago, el estómago, el intestino delgado y el intestino grueso) y los órganos que producen sustancias que participan en la digestión, pero por los que no pasa el alimento (el hígado y el páncreas).
LOS ÓRGANOS DEL APARATO DIGESTIVO
Los órganos que intervienen en la digestión de los alimentos son la boca, el esófago, el estómago, el intestino, el hígado y el páncreas.
La boca. 
Es la primera parte del aparato digestivo. En su interior se encuentran los dientes y la lengua. Los dientes trocean, desgarran y trituran los alimentos. La lengua es un órgano formado por un músculo que ayuda a mezclar los alimentos con la saliva.
En el fondo de la boca está la faringe. En ella hay dos orificios: por uno pasa el aire que respiramos; por el otro, los alimentos. Cuando tragas, el orificio del aire se cierra, y el alimento pasa por el otro orificio, hacia el esófago.
El esófago.
Es un tubo largo que atraviesa el tórax y comunica la faringe con el estómago. En sus paredes hay músculos que se contraen y empujan con fuerza el alimento hacia el estómago.
El estómago.
¿Sabías que el estómago de una persona mayor puede guardar casi un litro y medio de comida? El estómago tiene forma de saco, y puede aumentar y disminuir su tamaño. Pero ¿dónde está el estómago? Está situado en el abdomen, en la parte superior y hacia el lado izquierdo, dentro de una cavidad que se llama cavidad abdominal. Por arriba se conecta con el esófago, y por abajo continúa en el intestino delgado.
En las paredes del estómago hay una gran cantidad de músculo y muchos pliegues. Su interior está recubierto por una capa que tiene células especiales. Estas producen el jugo gástrico, un líquido que participa en la digestión.
El intestino delgado.
Es un tubo que mide unos siete metros y que está enrollado en el centro de la cavidad abdominal. Se comunica con el estómago y con el intestino grueso. La primera parte del intestino delgado se llama duodeno; la parte central, yeyuno, y la última, íleon.
El intestino delgado produce jugos intestinales que participan en la digestión. Además, por unos pequeños conductos, recibe unos líquidos, la bilis y el jugo pancreático, que también intervienen en la digestión. La bilis se fabrica en el hígado; el jugo pancreático, en el páncreas.
El intestino grueso.
El intestino grueso mide alrededor de un metro. También está en la cavidad abdominal, y es más corto que el intestino delgado, pero más grande. Tiene forma de C invertida. Está compuesto por el colon y el recto. El colon se divide en el colon ascendente, el colon transverso y el colon descendente. El recto es la parte final del intestino grueso. Es un tubo corto que termina en un orificio, el ano, por donde salen las heces al exterior.
¿Has oído hablar de la apendicitis? El apéndice es como un pequeño saquito que está en el colon. La apendicitis es la inflamación del apéndice.
El hígado.
Es el órgano más grande de tu cuerpo. Está en la cavidad abdominal, arriba y a la derecha. Tiene forma triangular y es de color rojo oscuro. El hígado tiene muchas funciones. En la digestión, su labor más importante es la producción de la bilis. Esta se almacena en la vesícula biliar, y desde allí se envía al intestino delgado, donde participa en la digestión de los alimentos.
El páncreas.
Es una glándula que está también en la cavidad abdominal, cerca del intestino delgado. Su forma puede recordar a una hoja. Produce el jugo pancreático, un líquido que participa en la digestión de los alimentos y que llega al intestino delgado por un pequeño conducto.
ALGUNOS SÍNTOMAS DEL APARATO DIGESTIVO
¡Seguro que alguna vez has vomitado o has tenido una diarrea! El estreñimiento, los vómitos, la diarrea o el dolor de estómago no son enfermedades propiamente dichas, sino síntomas de enfermedades que afectan a los órganos del aparato digestivo.
La diarrea es la producción de heces líquidas varias veces al día. Su causa más frecuente es la infección por bacterias y virus. Algunas diarreas, como la que se produce en la enfermedad del cólera, pueden ser muy graves. A veces, el consumo de alimentos en mal estado, que han sido contaminados por gérmenes o sustancias producidas por gérmenes (intoxicación alimentaria), causa diarreas o vómitos.
Las frutas y las verduras tienen que lavarse bien. ¡No se debe consumir un alimento si su olor o su aspecto son diferentes de lo habitual! También es importante lavarse las manos antes de comer para evitar que los gérmenes entren en tu aparato digestivo.
Por el contrario, en el estreñimiento, las heces son duras y el número de veces que se expulsan es escaso. A veces, se debe al tipo de alimentación.
Tomar una alimentación equilibrada es muy importante para que tu cuerpo reciba todos los tipos de nutrientes que tus células necesitan.

La piel y el tacto

¿Qué recubre todo tu cuerpo? ¿Por qué cuando cierras los ojos eres capaz de adivinar lo que estás tocando? ¿Por qué sientes dolor cuando te quemas? ¿Por qué el color de tu piel es más oscuro que el de tu amigo? Las respuestas a todas estas preguntas están en la piel, un órgano con múltiples funciones.
¿PARA QUÉ SIRVE LA PIEL?
Cierra los ojos y palpa con tus manos todo lo que está a tu alrededor. A través de la piel nos relacionamos con el mundo exterior. ¡A veces no nos damos cuenta de la gran cantidad de información que recibimos a través de la piel!
La piel es una cubierta que separa el interior de tu cuerpo del exterior; actúa como una barrera. Esta barrera te protege de pequeños golpes o de los microorganismos y las sustancias que pueden dañar tu organismo. La piel te defiende.
Aunque es una barrera, la piel te permite relacionarte con el mundo que te rodea. La piel te permite recibir sensaciones: decir si algo está frío o caliente, si un objeto es liso o rugoso o si sientes dolor cuando te haces daño.
La piel ayuda también a mantener la temperatura de tu cuerpo. En la piel hay muchos vasos sanguíneos. Si tu cuerpo necesita perder calor estos vasos sanguíneos se dilatan, la cantidad de sangre que llega es mayor y el calor se pierde con facilidad a través de la piel. Por el contrario, si tu cuerpo necesita conservar su calor los vasos sanguíneos se estrechan, el volumen de sangre que llega es mucho menor y se desprende menos calor. ¡Cuando sudas también pierdes calor! Las glándulas del sudor que están en la piel eliminan calor y algunas sustancias perjudiciales.
En la piel se produce también vitamina D. Esta vitamina se forma con ayuda de la luz del Sol. La vitamina D es muy importante para que tus huesos reciban el calcio de los alimentos y se fortalezcan.
Cada color de piel es distinto. En la piel existen unas células que producen una sustancia que se llama melanina. Según la cantidad de melanina de tu piel tu color será más pálido o más oscuro. Cuanta más cantidad de melanina tengas, más oscuro será el color de tu piel. Esta cantidad depende de la exposición al Sol y sobre todo de la herencia.
¿DE QUE ESTÁ FORMADA LA PIEL?
Todo tu cuerpo, desde la punta de tus pies hasta tu cabeza, está recubierto por piel. Observa ahora el dibujo de un corte de la piel y verás dos zonas diferentes, dos capas, una encima de otra. La capa de arriba está en contacto con el aire, es la más externa y se llama epidermis. Debajo está la dermis, una capa más interna que está en contacto con el interior de tu cuerpo.
¿Sabías que el simple roce de tu piel con la ropa desprende un número asombroso de células? La epidermis está formada por varias capas de células. Abajo en la primera fila, en contacto con la dermis hay una capa de células que están vivas y que se multiplican sin parar. Según vamos hacia arriba las células cada vez son más delgadas y más duras y al final mueren y se desprenden de la piel. Al desprenderse arrastran los gérmenes y limpian la piel.
¿Te has fijado alguna vez que si arañas con suavidad la piel no sangra? Pues bien, esto se debe a que a la epidermis no llegan los vasos sanguíneos. Algunas zonas de la epidermis forman las uñas. En la epidermis existen también las células que producen melanina, la sustancia que da color a tu piel.
¡La dermis, es un poco más complicada! Aquí sí llegan vasos sanguíneos y terminan muchos nervios que transmiten sensaciones al cerebro. En la dermis existen distintos tipos de terminaciones nerviosas que llamamos receptores sensoriales. Unos receptores reciben información sobre la temperatura, otros sobre el dolor y otros nos permiten distinguir la textura de los objetos. En la dermis están también las glándulas del sudor y las glándulas sebáceas. Las glándulas del sudor salen al exterior por unos orificios que llamamos poros. Las glándulas sebáceas producen grasa que proporcionan humedad y elasticidad a tu piel.
¿Pero dónde está el pelo? La epidermis se mete dentro de la dermis para formar un saco donde está la raíz del pelo.
¿QUÉ LE OCURRE A MI PIEL?
La piel está expuesta a muchos agentes externos como el Sol, los gérmenes o sustancias dañinas. Puede sufrir quemaduras, cortes, irritarse, padecer infecciones por bacterias, virus u hongos, o estar afectada por enfermedades que afectan a todo el cuerpo.
¿Quién no ha visto alguna vez una verruga o un papiloma? Las dos son un ejemplo de infección de la piel por un virus. ¿Has oído alguna vez hablar del pie de atleta? Es una infección por hongos que aparece a veces al andar descalzo en suelos mojados, como los de las piscinas. En las alergias, la piel se irrita al estar en contacto con algunos tejidos o materiales. Otras alergias aparecen a causa de algunos alimentos o medicinas. En algunas enfermedades generales, como la varicela o el sarampión, aparecen en la piel manchas o pequeños granitos.
¡Podemos hacer muchas cosas por nuestra piel! La higiene, el uso de cremas y ropas adecuadas para protegernos del Sol o secarnos bien después de bañarnos son medidas sencillas que ayudan a cuidar nuestra piel.

La excreción y el aparato excretor

Nuestro cuerpo tiene su propio sistema de recogida y eliminación de basuras. Todas aquellas sustancias que son perjudiciales o que simplemente no son necesarias se eliminan al exterior a través del aparato excretor. Los órganos del aparato excretor realizan una función muy importante, “limpian” nuestro cuerpo.
¿QUÉ ES LA EXCRECIÓN?
La excreción consiste en extraer de la sangre las sustancias inútiles o perjudiciales para nuestro cuerpo y expulsarlas al exterior. Estas sustancias de desecho proceden de la actividad y el funcionamiento de tus células. Una vez producidas pasan a la sangre. Si no se eliminan se pueden acumular y dañar tu organismo.
La excreción se realiza fundamentalmente en el aparato excretor. El aparato excretor forma la orina, en la que se eliminan una gran cantidad de desechos que se expulsan fuera de tu cuerpo. Además, el aparato respiratorio a través de la respiración expulsa de tu cuerpo el dióxido de carbono. La piel también elimina agua y sustancias nocivas a través del sudor.
EL APARATO EXCRETOR
El aparato excretor está formado por los riñones y por las vías urinarias.
  • Los riñones. Los riñones son dos órganos con forma de alubia, de color rojo oscuro. Están en la zona baja de la espalda, uno a cada lado de la columna vertebral. Si dividimos un riñón por la mitad observaremos, de arriba hacia abajo, una zona externa de color amarillento, la corteza, y una zona interna de color rojizo, la médula. Dentro de cada riñón hay muchos vasos sanguíneos y un sistema de tubos muy pequeños. La sangre llega a cada riñón por la arteria renal y sale por la vena renal.
  • Las vías urinarias. Las vías urinarias están formadas por los uréteres, la vejiga y la uretra. De cada riñón sale un tubo fino, los uréteres. Los uréteres se dirigen hacia abajo y se conectan con la vejiga. La vejiga urinaria es el almacén de la orina. Su aspecto recuerda a una bolsa redondeada. La mayor parte de su pared está formada por músculo, lo que permite que la vejiga se distienda o se contraiga. ¡Su capacidad de distenderse es muy grande! En los adultos, la vejiga suele almacenar alrededor de 150 ml de orina, aún cuando su capacidad es mayor. Cuando la vejiga alcanza este volumen de orina aparece la sensación de ganas de orinar. De la vejiga sale un conducto mucho más corto, la uretra, por donde la orina sale al exterior.
¿QUÉ ES LA ORINA?
¿Sabes que a lo largo del día produces entre medio litro y un litro de orina? La orina es un líquido claro y algo amarillento que se forma en los riñones a partir de la sangre. Los riñones trabajan sin descanso para formar la orina. La orina se almacena en la vejiga y se expulsa al exterior por la uretra. La mayor parte de la orina es agua; el resto está formado por sustancias innecesarias o perjudiciales para nuestro cuerpo. Cuando la vejiga está llena, se contrae y la orina es expulsada al exterior.
¿CÓMO SE FORMA LA ORINA?
La sangre recoge los productos de desecho de las células del organismo. Para que estos productos no se acumulen en tu cuerpo la sangre se limpia continuamente. Igual que el agua de una piscina pasa por una depuradora y sale de ella limpia, la sangre pasa por los riñones para “depurarse”.
¿Sabías que tus riñones limpian toda tu sangre unas 300 veces cada día? En el riñón la sangre se filtra. El riñón filtra la sangre, es decir, se queda con parte del agua y con las sustancias innecesarias o perjudiciales.
La sangre llega a cada riñón por la arteria renal. En el interior del riñón la arteria se divide en arterias cada vez más pequeñas hasta convertirse en unos vasos muy muy pequeños que se llaman capilares. Estos capilares se apelotonan formando ovillos.
¿Pero qué ocurre dentro del riñón? Dentro del riñón hemos dicho que hay muchos tubos muy pequeños. Los tubos y los capilares están muy cercanos unos a otros. El principio de cada tubo abraza los ovillos formados por los capilares. Entonces, parte del agua y de las sustancias de la sangre atraviesan la pared de los capilares y se introducen en estos tubos. El líquido que se ha filtrado empieza a recorrer los tubos. Durante este recorrido una parte vuelve a pasar a la sangre, es decir, se reabsorbe. El resto no regresa y forma la orina.
Todos los tubos llegan dentro del riñón a una pequeña cavidad, la pelvis renal. La pelvis renal se comunica con el uréter que sale del riñón hacia la vejiga.
La sangre ya limpia sale del riñón por la vena renal hacia el corazón. Mientras tanto, la orina desciende por los uréteres y se acumula en la vejiga. Cuando la cantidad de orina almacenada es suficiente, las paredes de la vejiga se contraen y empujan la orina hacia el exterior.
ALGUNAS ENFERMEDADES DEL APARATO EXCRETOR
Los riñones, los uréteres, la vejiga y la uretra pueden enfermar igual que el resto de tu cuerpo. Hay varias señales que alertan de la presencia de algún problema en el aparato excretor. Si al orinar existe escozor o dolor, si la orina tiene un color que no es normal o aparece sangre en la orina, si la cara, las manos o los pies se hinchan se debe consultar al médico.
Las infecciones son relativamente frecuentes. En la vejiga urinaria, las infecciones producen una inflamación que se llama cistitis. Es muy importante que bebas suficiente cantidad de agua todos los días o que evites estar con un bañador mojado mucho tiempo.
¿Has oído alguna vez a alguna persona mayor la expresión “tiene piedras en el riñón”? Bueno, estas piedras se llaman cálculos renales. Los cálculos se forman por diferentes razones. A veces hay demasiada cantidad de ciertas sustancias y estas se acumulan y forman pequeñas piedrecitas. Cuando los cálculos pasan por los conductos de las vías urinarias pueden ser muy dolorosos.
Es frecuente que los médicos quieran que se realice un análisis de orina. Te pedirán que recojas orina en un bote de plástico. Luego, esa orina se analiza en un laboratorio. Los datos que se obtienen sirven para valorar no solo cómo funciona tu aparato excretor, sino cómo funcionan también otros órganos. La presencia de cantidades anormales de las sustancias habituales en la orina o de sustancias que por lo general no aparecen en ella ayuda a conocer cuál es el origen del problema.

La respiración y los pulmones

Para vivir necesitas respirar y si no lo hicieses no serias capaz de correr, jugar, comer, trabajar o dormir. Si haces una respiración profunda sientes como tu pecho se hincha. ¡Son tus pulmones que están trabajando!
¿CÓMO SON TUS PULMONES Y DÓNDE ESTÁN?
Tus pulmones se parecen a dos esponjas grandes de color rosa. Los pulmones están en el tórax, dentro de la cavidad torácica. La cavidad torácica está rodeada por los huesos de las costillas. Las costillas forman una especie de jaula, que recibe el nombre de caja torácica, en cuyo interior, además de los pulmones, está el corazón. Como veremos después, tus pulmones y tu corazón trabajan juntos para ayudarte a respirar.
Uno de tus pulmones se encuentra situado en el lado izquierdo de la cavidad torácica y el otro en el derecho. Tu corazón está colocado aproximadamente entre ambos. Entre las costillas hay unos músculos fuertes, los músculos intercostales. En el suelo de la caja torácica existe un músculo muy potente, el diafragma.
Cada vez que tomas aire del exterior, tus pulmones se llenan y se inflan como balones. Cuando introduces aire en tus pulmones inspiras. Cuando expulsas aire para vaciar tus pulmones espiras.
Cuando tu pecho se hincha, es decir, cuando inspiras, tus pulmones se inflan y el diafragma se desplaza un poquito hacia abajo. De esta manera los pulmones pueden alargarse. Al mismo tiempo, tus músculos intercostales también se estiran y agrandan tu caja torácica. Tus pulmones tienen espacio para hincharse.
Cuando expulsas el aire hacia fuera ocurre lo contrario. Tus pulmones se vacían, y tu diafragma y los músculos intercostales se relajan y vuelven a la posición que tenían al principio.
Sorprendentemente, el tipo de aire que inspiras es diferente del tipo de aire que espiras. Esto se debe a que al respirar se producen cambios muy complicados dentro de tu cuerpo.
¿CUÁNTO AIRE PUEDES INTRODUCIR DENTRO DE TU CUERPO?
Cuando corres notas que el tórax se mueve mucho más rápido que cuando estás sentado. Esto se debe a que tus pulmones tienen que trabajar más duramente y necesitas tomar más aire de lo normal. Un adulto sano puede utilizar de 3.500 a 5.000 mililitros de aire cuando está haciendo ejercicio. ¡Cuando está sentado esta cifra disminuye aproximadamente a solo 150 o 200 mililitros! Tus pulmones son elásticos y saben cómo expandirse.
¿QUÉ OCURRE CON EL AIRE DENTRO DE TU CUERPO?
Acabamos de descubrir que cuando respiramos tomamos aire del exterior. El aire puede entrar en tu cuerpo a través de la nariz o de la boca. Desde aquí, viaja por un tubo que va desde la parte posterior de tu garganta hasta los pulmones. Este tubo se llama tráquea. Antes de entrar en los pulmones la tráquea se divide en dos tubos más pequeños, los bronquios. Cada bronquio se divide a su vez, dentro de los pulmones, en otros más pequeños. Por su parecido a las ramas de un árbol recibe el nombre de árbol bronquial. Para hacerte una idea, imagina los bronquios dentro de tus pulmones como dos árboles colocados hacia abajo con las ramas más grandes dividiéndose en ramas más pequeñas y estas a su vez en ramitas que se dividen de nuevo en otras más pequeñas. Al final, los tubos son realmente muy finos y estrechos. Estos tubitos tan estrechos se llaman bronquiolos y terminan en unos sacos diminutos llenos de aire que se denominan alveolos. Si pudieras extender las paredes de todos los alveolos de tus pulmones, estos cubrirían una superficie de cerca de 93 metros cuadrados. ¡Casi el tamaño de media pista de tenis!
¡En el alveolo es donde termina la primera parte del viaje y donde empieza la magia! Dentro del alveolo el aire empieza realmente a trabajar y su trabajo es mantenerte vivo.
¿QUÉ ES EXACTAMENTE EL AIRE Y POR QUÉ TU CUERPO LO NECESITA?
Tú respiras probablemente unas 20 veces cada minuto. Si juegas o corres muy intensamente puedes llegar a respirar hasta 80 veces por minuto. Pero, ¿qué esta pasando dentro de tu cuerpo con todo este aire?
¡Aquí es donde sucede algo un poco más difícil de entender! Cuando hablamos de aire estamos hablando de una mezcla de varios gases. El aire que inspiras está formado sobre todo por dos gases invisibles llamados oxígeno y nitrógeno, y por un tercero que existe en una cantidad muy pequeña y que recibe el nombre de dióxido de carbono. Tu cuerpo necesita el oxígeno del aire para poder funcionar. Cuanto más rápido te mueves, tu cuerpo trabaja más y necesita más oxígeno.
¿QUÉ OCURRE CUANDO EL OXÍGENO LLEGA A LA SANGRE?
Aquí es donde el corazón y la sangre que bombea entran a formar parte de este mágico proceso. Recuerda que el aire que respiras ha realizado un viaje increíble hasta alcanzar los alveolos que están en el interior de tus pulmones. Existen cerca de 700 millones de alveolos. Casi pegados a cada alveolo están los capilares sanguíneos. Los capilares sanguíneos son los tubos más pequeños que transportan sangre en tu cuerpo. Entre los alveolos y los capilares sanguíneos se produce un intercambio de gases.
Debido a que las paredes de los capilares y de los alveolos son muy delgadas y muy finas, el aire de tu alveolo puede salir y pasar a la sangre de tus capilares mediante un proceso que se llama difusión. ¡El aire pasa literalmente a través de las paredes! El oxígeno, uno de los gases que hay en el aire del alveolo, atraviesa la pared del alveolo y se queda en la sangre de los capilares sanguíneos. A su vez, en la sangre hay dióxido de carbono que tu cuerpo necesita eliminar. De modo que, inteligentemente, tu cuerpo encuentra una forma de deshacerse del dióxido de carbono. Lo envía hacia el alveolo. Allí, junto con los otros gases que forman el aire, el dióxido de carbono realiza el camino de vuelta hacia el exterior. Primero recorre los bronquios y después asciende por la tráquea, para por fin salir del cuerpo cuando se expulsa el aire al respirar. De este modo, tu cuerpo se ha deshecho del dióxido de carbono que no deseaba. Al mismo tiempo, la sangre de los capilares sanguíneos, que ahora es rica en oxígeno, vuelve hacia el corazón. Tu corazón bombea esta sangre hacia todas las células de tu cuerpo, que de esta manera reciben el oxígeno que necesitan para vivir.
El proceso se repite cada vez que respiras. ¡Es increíble pensar que tienes 700 millones de alveolos que están intercambiando oxígeno con los capilares sanguíneos unas 20 veces por minuto durante toda tu vida! Solo hay una palabra que describe todo este magnífico proceso, respiración.
ENFERMEDADES DEL PULMÓN
Como ya hemos visto, el tamaño de los pulmones es grande y su trabajo es difícil y además tremendamente duro. Es muy importante que cuidemos nuestros pulmones y los tratemos bien.
Existen algunas enfermedades que pueden afectar a tus pulmones. Cuando se toma aire para respirar, los microorganismos pueden entrar en los pulmones. Algunos de estos microorganismos, como ciertos virus y bacterias, producen enfermedades como la tuberculosis y la neumonía; estas enfermedades no son muy frecuentes y suelen afectar a personas mayores haciendo que su respiración sea difícil.
Algunos niños pueden padecer una enfermedad pulmonar que se llama asma. En el asma, la respiración es también difícil porque el bronquio se cierra. Es frecuente que los bronquios se cierren debido a una alergia. Los niños que padecen asma a veces respiran con dificultad y al respirar emiten un sonido parecido a un silbido. A veces, pueden estar un rato tosiendo mientras sus pulmones intentan eliminar lo que les está irritando.
Otras enfermedades del pulmón en las que se afectan los bronquios son la bronquitis y el enfisema.
Algunos adultos sufren enfermedades pulmonares debido al trabajo que realizan. En el pasado, muchas personas que trabajaban como mineros inhalaron polvo del carbón. En algunas fábricas, los trabajadores inhalaron polvo de asbesto o de algodón. Muchos de estos trabajadores enfermaron por las partículas invisibles de polvo que habían respirado y que se habían depositado en sus pulmones.
Hoy en día, el riesgo más importante para los pulmones sanos es el tabaco. Fumar puede causar una enfermedad llamada cáncer de pulmón que está producida por las sustancias químicas que existen en los cigarrillos. Cuando las sustancias químicas se inhalan, viajan hasta los alveolos y afectan a sus delicadas paredes. Cuando las células pulmonares se dañan, sus funciones se alteran y pueden multiplicarse sin control y formar un tumor. La presencia de un tumor hace que la persona no pueda respirar adecuadamente. Como hemos visto, en el cuerpo existe una estrecha relación entre el aire que circula —el sistema respiratorio— y la sangre —el sistema circulatorio, lo que significa que el corazón de los fumadores corre también el riesgo de ser afectado por el tabaco.

La circulación de la sangre

Circular significa ir y volver. ¿Sabes por qué tienes sangre cuando te haces una herida? La sangre sale del corazón y se distribuye por todo tu cuerpo, para, después, regresar de nuevo al corazón. La sangre nunca está quieta, sino que circula, es decir, se mueve de un sitio a otro, por una red de tubos flexibles que recorren todo tu cuerpo. Estos tubos flexibles son los vasos sanguíneos.
¿POR QUÉ CIRCULA LA SANGRE?
Tu cuerpo está formado por miles de millones de células que, para poder vivir, necesitan la energía que obtienes de los alimentos y el oxígeno del aire que respiras. Cada célula produce, también, sustancias que no necesita, ‘basura’ que hay que eliminar. La sangre es la responsable de recoger estas sustancias y de llevar el alimento y el oxígeno a todas las células de tu cuerpo. Para realizar esta tarea, la sangre tiene que circular.
¿POR DÓNDE CIRCULA LA SANGRE?
La sangre circula por unos tubos flexibles, de diferentes tamaños, que se llaman vasos sanguíneos. Estos se distribuyen por todo tu cuerpo como si fueran una red de carreteras, autopistas y caminos. Pueden ser de tres tipos: arterias, venas o capilares.
  • Las arterias son vasos sanguíneos que llevan la sangre que sale de tu corazón hacia todas las partes de tu cuerpo. Las arterias se dividen en otras más pequeñas, que se llaman arteriolas.
  • Las venas son vasos sanguíneos que llevan la sangre desde todas las partes de tu cuerpo de nuevo hacia el corazón. Igual que en el caso de las arterias, también hay venas pequeñas, que se llaman vénulas.
  • Los capilares son los vasos sanguíneos más pequeños que existen. Son los que conectan las arteriolas con las vénulas. En los capilares se produce el intercambio de sustancias entre la sangre y las células.

La sangre circula por los vasos sanguíneos, pero, para moverse, necesita algo que la empuje.
¿QUÉ MUEVE LA SANGRE PARA QUE CIRCULE?
¿Has sentido alguna vez los latidos de tu corazón poniendo tu mano en la parte izquierda de tu pecho? Tu corazón tiene el tamaño del puño de tu mano. Abre el puño y luego ciérralo con fuerza una y otra vez; tu corazón funciona de una manera parecida. Sus paredes, formadas por músculo, se contraen y se relajan de forma rítmica. Tu corazón trabaja sin descanso empujando la sangre para que se ponga en movimiento.
Otro lugar donde puedes sentir los latidos es en tus muñecas. El corazón empuja la sangre hacia las arterias con fuerza. Esta fuerza se transmite, en forma de presión, por las arterias. Esta presión es el pulso arterial, y se percibe con facilidad como un latido en las arterias que están cerca de la piel. El pulso arterial se corresponde con los latidos de tu corazón.
¿QUÉ CAMINO RECORRE LA SANGRE DENTRO DE TU CUERPO?
Dentro de los vasos sanguíneos, la sangre hace dos recorridos, dos circuitos que parten del corazón y vuelven de nuevo a él. El circuito más corto se llama circulación menor, y es el que recorre la sangre entre el corazón y los pulmones (corazón-pulmones-corazón). El más largo se llama circulación mayor, y es el que recorre la sangre entre el corazón y el resto del cuerpo (corazón–todo el cuerpo-corazón).
LA CIRCULACIÓN MENOR
La sangre del ventrículo derecho sale del corazón por la arteria pulmonar. Aquí empieza la circulación menor. La arteria pulmonar se dirige hacia los pulmones, y se divide en arterias cada vez más pequeñas, arteriolas, que, finalmente, se convierten en capilares.
En el pulmón se produce un intercambio de gases entre los capilares y el aire del pulmón. La sangre de los capilares (sangre venosa) recibe el oxígeno del aire y elimina hacia el pulmón el dióxido de carbono (un gas perjudicial). De este modo, la sangre se limpia. Desde los capilares, la sangre rica en oxígeno (sangre arterial) tiene que hacer ahora el camino de vuelta al corazón.
Los capilares se continúan con venas muy pequeñas (vénulas), que se convierten en venas cada vez más grandes y que se dirigen otra vez al corazón. Ahora, llegan a la parte izquierda. La sangre oxigenada entra en la aurícula izquierda a través de las cuatro venas pulmonares. Aquí termina la circulación menor.
LA CIRCULACIÓN MAYOR
La circulación mayor comienza cuando la sangre del ventrículo izquierdo sale del corazón por la arteria aorta. Esta sangre es rica en oxígeno; es sangre arterial. La aorta es la arteria más grande del cuerpo. Se va dividiendo en arterias más pequeñas, que, a su vez, se dividen en arteriolas, hasta formar, también, capilares que van a llegar a todas las zonas de tu cuerpo.
Los capilares ceden a las células los alimentos y el oxígeno, y recogen las sustancias de desecho. Ahora, la sangre pobre en oxígeno, la sangre venosa, debe volver al corazón.
Los capilares se continúan con vénulas, que, a su vez, son cada vez más grandes y forman venas. Después de recorrer un camino muy largo, la sangre vuelve al corazón. Llega a la aurícula derecha a través de dos venas muy grandes, la vena cava superior y la vena cava inferior. Aquí termina la circulación mayor.
ENFERMEDADES DE LOS VASOS SANGUÍNEOS
Con el tiempo, igual que sucede con el resto de nuestro cuerpo, los vasos sanguíneos también envejecen. Las paredes de las arterias se hacen más duras, y en ellas se pueden depositar sustancias (aterosclerosis) que a veces llegan a obstruirlas (trombosis). En ocasiones, por diversas causas, la presión dentro de las arterias se eleva (hipertensión arterial) y puede hacer enfermar el corazón.
Las venas pueden ser incapaces de ayudar a que la sangre retorne al corazón (insuficiencia venosa), sus paredes pueden hacerse más débiles y dilatarse (varices) o, por diferentes razones, pueden también obstruirse (trombosis).
Para cuidar los vasos sanguíneos y el corazón, es muy importante llevar una vida sana, hacer deporte con moderación y alimentarse de forma equilibrada. También debes saber que el tabaco y el alcohol hacen mucho daño a tu corazón, a tus pulmones y a tus arterias. ¡Una vida sana es imprescindible para que tus vasos sanguíneos y tu corazón se mantengan fuertes durante muchos años!

La sangre

No importa el lugar donde te hagas una herida ¡siempre sale sangre! Seguro que más de una vez te has preguntado por qué tiene ese color tan rojo o para qué sirve ¿Sabías que tienes entre 1 y 3 litros de sangre que recorren sin parar todos los rincones de tu cuerpo?
¿QUÉ ES LA SANGRE?
Cuando te das un golpe fuerte en la nariz o te haces una herida sale sangre. La sangre es un líquido de color rojo que siempre está en movimiento. Si miraras una gota de sangre con un microscopio te darías cuenta de que no solo es un líquido, sino que en él “nadan” también otras muchas cosas.
Un poco más de la mitad de la sangre está formada por un líquido claro, de color amarillento, que se llama plasma. El plasma contiene proteínas, hidratos de carbono, grasas, vitaminas, minerales y otras sustancias, pero sobre todo una gran cantidad de agua.
La otra mitad de la sangre está formada por células que flotan en el plasma. Existen tres tipos diferentes de células de la sangre: leucocitos, eritrocitos y plaquetas.
  • Los leucocitos reciben también el nombre de glóbulos blancos. Se forman en el interior de los huesos, el timo y en los ganglios linfáticos y después pasan a la sangre. Son células que tienen formas distintas. Existen dos tipos: granulocitos (neutrófilos, eosinófilos y basófilos) y agranulocitos (linfocitos y monocitos). La función de los leucocitos es defendernos contra las infecciones. En 1 mm3 de sangre hay entre 5.000 y 10.000 leucocitos.
  • Los eritrocitos también se llaman hematíes o glóbulos rojos. Son células pequeñas de color rojo y tienen forma de disco, hundido en su centro. Los eritrocitos se forman en el interior de los huesos y después pasan a la sangre donde viven allí tres o cuatro meses. Cuando envejecen se destruyen, sobre todo en el bazo. Son muy abundantes. Su función es transportar el oxígeno y el dióxido de carbono. Para ello, en el interior del eritrocito hay hemoglobina, un compuesto formado por proteínas y hierro. El oxígeno o el dióxido de carbono se unen a la hemoglobina y de esta manera son transportados de un lugar a otro. El color rojo de la sangre se debe al oxígeno que contienen estas células. En 1 mm3 de sangre hay unos 5 millones de eritrocitos.
  • Las plaquetas se llaman también trombocitos y son las células más pequeñas de la sangre. Cuando un vaso sanguíneo se rompe, las plaquetas acuden a ese lugar y junto con otras sustancias de la sangre forman un tapón (coágulo). Gracias al coágulo las heridas dejan de sangrar. Las plaquetas se forman también en el interior de los huesos y después pasan a la sangre. En 1 mm3 existen entre 200.000 y 300.000 plaquetas.

Cuando nos sacan sangre para analizarla en el laboratorio decimos que nos han hecho un análisis de sangre. Los análisis de sangre nos permiten conocer el número de células y la cantidad de las sustancias que forman el plasma.
¿PARA QUÉ NECESITAMOS LA SANGRE?
Imagina un medio de trasporte un poco especial que recoge las mercancías donde se producen, luego las reparte por todas las casas y además se lleva todo lo que nos sobra o no necesitamos.
Pues bien, la sangre se parece a ese medio de transporte; su función más importante es recoger, transportar y repartir sustancias de un sitio a otro de nuestro cuerpo.
1. La sangre es la responsable de recoger en los pulmones el oxígeno del aire que respiramos y en el intestino delgado las sustancias nutritivas de los alimentos que hemos comido.
2. Es la responsable de repartir ese oxígeno y esas sustancias nutritivas a cada célula de tu cuerpo.
3. Es la responsable de recoger las sustancias inútiles o perjudiciales que producen las células y de llevarlas a los pulmones, al hígado o a los riñones para eliminarlas.
Además, la sangre transporta otras muchas sustancias o células que tienen funciones muy importantes. Si te haces una herida y se rompe un vaso sanguíneo, la sangre lleva a este lugar las células o sustancias necesarias para taponar la herida y evitar la pérdida de sangre (coagulación). Si entra en tu cuerpo un microorganismo contra el que hay que luchar, la sangre desplaza también hacia ese lugar las células o sustancias que van a combatirlo (defensa).
Para poder realizar todas estas funciones, la sangre tiene que moverse de un lado a otro de tu cuerpo, es decir tiene que circular, y esto lo hace impulsada por el corazón, dentro de unos tubos que se llaman vasos sanguíneos (arterias, capilares y venas).
LA DONACIÓN Y LAS TRANSFUSIONES DE SANGRE
Puede que alguna vez hayas leído u oído que se necesitan donantes de sangre, o que en un hospital falta sangre. Cuando una persona dice que ha donado sangre significa que ha dado parte de su sangre. Para poder donar sangre hay que ser mayor de edad y estar sano. Se extrae casi medio litro de sangre, se analiza para comprobar que no tiene sustancias perjudiciales y se guarda en unas bolsas especiales en un lugar llamado banco de sangre. Donar sangre no es peligroso, nuestro cuerpo es capaz de recuperar con rapidez la cantidad de sangre que hemos dado.
¿Pero para qué se necesita esa sangre y por qué es tan importante donarla? Si una persona pierde mucha sangre, por ejemplo en un accidente grave, su vida puede estar en peligro. Sin embargo, se puede salvar si recibe una transfusión, es decir si se repone la sangre que ha perdido. Para ello, los médicos utilizan las bolsas con la sangre que la gente ha donado. ¡Donar sangre puede salvar muchas vidas!
¿EXISTEN DIFERENTES TIPOS DE SANGRE?
Si alguna vez te han operado, seguro que el médico ha preguntado a tus padres si conocían tu grupo sanguíneo. La composición de la sangre es igual en todas las personas y sin embargo hay diferentes tipos de sangre. La presencia o no en la superficie de los eritrocitos de ciertas sustancias, nos permite diferenciar distintos tipos de sangre.
Conocemos dos sistemas de clasificación. El sistema ABO y el sistema Rh. El sistema ABO nos permite distinguir cuatro grupos sanguíneos, el grupo A, el grupo B, el grupo AB y el grupo 0. El sistema del Rh establece dos tipos de sangre Rh+ (positivo) y Rh- (negativo).
¿Y por qué es tan importante conocer el grupo sanguíneo? Algunos grupos sanguíneos no pueden mezclarse, esto significa que una persona solo puede recibir sangre de algunos grupos determinados, no de todos. Por eso es tan importante conocer el grupo sanguíneo antes de una operación y siempre que es necesario hacer una transfusión.
LAS ENFERMEDADES DE LA SANGRE
Las enfermedades de la sangre pueden aparecer a todas las edades y algunas son hereditarias. Pueden afectar a las células sanguíneas o al plasma. Las causas son el aumento o disminución del número de algún tipo de sustancia o de célula, o la alteración de su forma o de su contenido. Así por ejemplo, las leucemias, una forma de cáncer, son enfermedades debidas a un aumento del número de leucocitos en la sangre. Las anemias son enfermedades relacionadas con los defectos en el número o la forma de los eritrocitos de la sangre. En una hemorragia grave se produce una anemia por la pérdida de sangre y por tanto de eritrocitos. Otra causa de anemia se debe a que la cantidad de hierro que se toma con los alimentos es demasiado escasa para formar la hemoglobina de los eritrocitos. Este tipo de anemia se puede evitar tomando alimentos ricos en hierro y vitaminas, como legumbres, carne, huevos, pollo o pescado. Otras enfermedades afectan a la coagulación, como la hemofilia, una enfermedad hereditaria en la que se sangra con facilidad.

El corazón

Cuando colocas tu mano sobre la parte izquierda de tu pecho, sientes un pequeño golpeteo; es el ‘latido’ de tu corazón. ¿Sabías que, cada minuto que pasa, tu corazón late unas 100 veces? ¿Sabías que, cada vez que lo hace, expulsa la sangre de su interior y la empuja para que circule por todos los rincones de tu cuerpo? El corazón es el motor que hace funcionar tu cuerpo.
¿DÓNDE ESTÁ TU CORAZÓN Y CÓMO ES POR DENTRO?
Tu corazón es un órgano hueco que tiene el tamaño del puño de tu mano. Está a la altura de tu pecho, hacia la parte izquierda. El corazón se sitúa dentro del tórax, entre los dos pulmones.
Si pudieses mirar el corazón por dentro, verías cuatro cavidades, como cuatro habitaciones con puertas para entrar y salir: dos arriba, las aurículas, y dos abajo, los ventrículos. Las aurículas reciben la sangre que llega al corazón. Los ventrículos la expulsan fuera del corazón.
Además, en el corazón existe una pared, un tabique, que lo divide, de arriba abajo, en dos mitades, derecha e izquierda, que no se comunican. En cada mitad hay una aurícula arriba y un ventrículo abajo.
La parte del corazón que queda a la derecha la llamaremos corazón derecho, que está formado por la aurícula derecha y el ventrículo derecho. La parte que queda a la izquierda la llamaremos corazón izquierdo, formado por la aurícula izquierda y el ventrículo izquierdo.
¿CÓMO FUNCIONA EL CORAZÓN?
La sangre entra en el corazón, pasa de una cavidad a otra y sale del corazón. Las paredes que forman las cavidades del corazón están constituidas por un músculo muy potente, el músculo cardiaco.
Hemos dicho que el corazón tiene el tamaño del puño de tu mano. Abre un poco el puño y luego ciérralo con fuerza una y otra vez. Tu corazón trabaja de esta manera; sus paredes se contraen y se relajan de forma rítmica. La contracción del corazón se llama sístole. La relajación del corazón se llama diástole. Cada vez que tu corazón late, se produce la contracción y la relajación de sus paredes.
Para que la sangre pase de una cavidad a otra o para que salga del corazón, las paredes se contraen y empujan la sangre con fuerza. Al mismo tiempo que las paredes se contraen o se relajan, las puertas entre las cavidades se abren o se cierran para dejar entrar o salir la sangre. Estas puertas se llaman válvulas cardiacas. Cada puerta recibe un nombre (válvula mitral, tricúspide, aórtica y pulmonar).
LOS VASOS SANGUÍNEOS QUE LLEGAN Y SALEN DEL CORAZÓN
Los vasos sanguíneos que entran con sangre en el corazón se llaman venas. La vena cava superior y la vena cava inferior llegan a la aurícula derecha; las venas pulmonares, a la aurícula izquierda.
Los vasos sanguíneos que salen del corazón se llaman arterias. La arteria pulmonar sale del ventrículo derecho; la arteria aorta, del ventrículo izquierdo.
¿QUÉ CAMINO RECORRE LA SANGRE DENTRO DEL CORAZÓN?
Imagina una casa con una habitación arriba y otra abajo. A esta casa se entra por la habitación superior, y, para bajar, se abre una puerta que está en el suelo. De la habitación de abajo se sale por otra puerta. Esta casa se parece mucho a la parte derecha o a la parte izquierda de tu corazón.
La sangre entra en la aurícula derecha del corazón. Pasa de la aurícula derecha al ventrículo derecho.
Después de haber repartido el oxígeno y el alimento, y de recoger todas las sustancias que nuestro cuerpo no necesita, la sangre pobre en oxígeno (sangre venosa) se dirige al corazón. Llega a la aurícula derecha por dos venas, la vena cava superior y la vena cava inferior.
La sangre llena la aurícula derecha, y se abre una puerta en el suelo, la válvula tricúspide. La sangre entra en el ventrículo derecho, que empieza a llenarse. Para terminar de llenar el ventrículo derecho, la aurícula derecha se contrae y empuja la sangre que queda en su interior para que pase al ventrículo derecho.
La sangre entra en la aurícula izquierda del corazón. Pasa de la aurícula izquierda al ventrículo izquierdo.
Al mismo tiempo, en la parte izquierda del corazón ocurre algo parecido. La sangre llega por las cuatro venas pulmonares a la aurícula izquierda. La sangre llena la aurícula izquierda y se abre otra puerta, la válvula mitral. A través de esta válvula, la sangre pasa hacia el ventrículo izquierdo. Para terminar de llenar el ventrículo izquierdo, la aurícula izquierda se contrae y empuja la sangre hacia su interior.
La sangre tiene que salir de los ventrículos.
Cuando los ventrículos están llenos, las puertas entre las aurículas y los ventrículos se cierran otra vez. Ahora, la sangre que ha llenado los ventrículos tiene que salir de ellos. El ventrículo derecho y el izquierdo se contraen, abren otras puertas (la válvula pulmonar y la válvula aórtica), y la sangre sale del corazón. La sangre del ventrículo derecho sale por la arteria pulmonar y se dirige hacia los pulmones. La sangre del ventrículo izquierdo sale por la arteria aorta y se dirige a todo el cuerpo.
¿QUIÉN CONTROLA TU CORAZÓN?
Tu corazón trabaja de forma automática. Tú no controlas de forma consciente los latidos del corazón. Durante el día trabaja y también lo hace por la noche, cuando duermes. El ritmo de tu corazón está controlado por el tronco cerebral, una parte de tu encéfalo.
ENFERMEDADES DEL CORAZÓN
Ahora tu corazón late unas 100 veces cada minuto, pero, cuando crezcas, lo hará un poquito más despacio, entre 60 y 80 veces por minuto. Cada hora latirá unas 4.200 veces; cada día, unas 100.800 veces; cada año, unas 37 millones de veces. ¡Imagina el número de veces que lo hará a lo largo de toda tu vida! Es muy importante que cuides tu corazón, ¡su trabajo es agotador!
Algunos niños nacen con un defecto en el corazón que puede curarse con cirugía. Sin embargo, la gran mayoría de las enfermedades del corazón afectan a las personas mayores. Con el tiempo, igual que sucede con el resto de nuestro cuerpo, el corazón también envejece.
Por esta razón, puede suceder que las paredes del corazón pierdan fuerza para contraerse y bombear la sangre (insuficiencia cardiaca); puede que alguna zona no reciba el oxígeno suficiente y deje de funcionar (infarto de miocardio); puede que las válvulas cardiacas ya no abran ni cierren bien (ensanchamiento o estrechez de las válvulas del corazón); o puede que el ritmo con el que el corazón se contrae se altere (arritmias).
Para cuidar el corazón, es muy importante llevar una vida sana, hacer deporte con moderación y alimentarte de forma equilibrada. También debes saber que el tabaco y el alcohol pueden hacer mucho daño a tu corazón, a tus pulmones y a tus arterias. ¡Una vida sana es imprescindible para que tu corazón se mantenga fuerte durante muchos años!

El sistema nervioso

¿Por qué puedes sentir alegría o tristeza? ¿Por qué puedes recordar los sitios donde has estado? ¿Por qué puedes aprender si estudias? ¿Por qué puedes bailar al son de tu canción preferida? Cada día, cada minuto, eres consciente de todo lo que pasa a tu alrededor y realizas un número increíble de actividades. Todas las partes de tu cuerpo tienen que coordinarse para que todo esto pueda ocurrir. El sistema nervioso controla y dirige todo tu cuerpo y su relación con el medio en el que vives.
LAS CÉLULAS QUE FORMAN TU SISTEMA NERVIOSO
La mayor parte de tu sistema nervioso está formado por unas células que solo se ven con el microscopio. Estas células se llaman neuronas. ¿Sabes que en tu cuerpo hay unos 100.000 millones de neuronas? Las neuronas tienen un cuerpo más o menos redondeado del que salen dos tipos de prolongaciones. Una prolongación larga que recibe el nombre de axón y otras prolongaciones cortas que se llaman dendritas. Las neuronas pueden tener muchas dendritas, pero solo tienen un axón.
Igual que los corredores en las carreras de relevos se pasan de unos a otros un objeto, las neuronas se comunican unas con otras para transmitirse mensajes. Estos mensajes llevan información del exterior o del interior de tu cuerpo. También llevan las órdenes que dicta tu sistema nervioso a las diferentes partes de tu cuerpo.
Las neuronas se comunican entre sí a través del axón y las dendritas. Los mensajes llegan a una neurona por las dendritas, atraviesan el cuerpo de la neurona y salen por el axón hacia otra neurona. Sin embargo, las neuronas no llegan a tocarse. Entre una neurona y otra siempre hay un pequeño espacio. La zona en la que una neurona se comunica con la otra se llama sinapsis y el pequeño espacio que hay entre ellas se llama espacio sináptico.
¿CUÁLES SON LAS PARTES DE TU SISTEMA NERVIOSO?
Todo el trabajo de recibir los mensajes del exterior y del interior de tu cuerpo y de responder a ellos y coordinarlos, lo realiza el sistema nervioso. El sistema nervioso está formado por el sistema nervioso central y el sistema nervioso periférico.
Imagina una gran ciudad con sus calles. En ella hay un gran rascacielos desde donde se gobierna toda la ciudad. Un gran rascacielos desde donde se ordena y se dirige todo lo que va a ocurrir en ella. El control de los alimentos, la limpieza y la eliminación de las basuras, el tráfico y las relaciones con otras ciudades y dentro de la propia ciudad. Todo está supervisado y controlado desde este rascacielos.
Nuestro sistema nervioso también tiene un gran rascacielos que gobierna todas las actividades de tu cuerpo. ¡Se llama sistema nervioso central!
La parte más alta de este rascacielos es el encéfalo. El encéfalo está formado, de arriba hacia abajo, por el cerebro, el cerebelo y el tronco cerebral. El encéfalo está dentro del cráneo. La parte inferior del rascacielos está formada por la médula espinal. La médula espinal es como un cilindro largo que está dentro de la columna vertebral. El encéfalo y la médula espinal están formados por millones de neuronas.
Las calles que van y vienen del gran rascacielos constituyen el sistema nervioso periférico. El sistema nervioso periférico está formado por los nervios. Esta red de nervios comunica el encéfalo y la médula espinal con el resto del cuerpo. Los nervios llegan a todas partes. Están formados por las dendritas y los axones de las neuronas, y se distribuyen por todo tu cuerpo.
¿CÓMO SE TRANSMITE LA INFORMACIÓN POR EL SISTEMA NERVIOSO?
De la misma manera que cuando entras en Internet los mensajes circulan desplazándose desde un punto a otro de la red, toda la información que procede del interior y del exterior de nuestro cuerpo circula por una red de neuronas.
Los mensajes que circulan por tu sistema nervioso son impulsos eléctricos y químicos que se transmiten de una neurona a otra. Viajan por los nervios hasta el sistema nervioso central ¡La velocidad con que lo hacen es espeluznante! El sistema nervioso central recibe los mensajes de muchas neuronas. Los interpreta y envía su respuesta.
Imagina que una neurona recibe un estímulo, por ejemplo, un mensaje que procede del exterior de tu cuerpo, ¡un olor estupendo a pastel! La neurona transforma este olor en un impulso eléctrico y químico. Este impulso se envía hacia otra neurona y finalmente llega al sistema nervioso central. El sistema nervioso central lo interpreta y envía su respuesta. La respuesta es una orden, ¡meter el dedo en el pastel para probarlo! La neurona que recibe este mensaje ordena a los músculos de la mano que muevan ese dedo.
Hay muchas células nerviosas capaces de recibir un estímulo. Los órganos de los sentidos como los ojos, los oídos, la lengua, la nariz o la piel tienen células nerviosas especiales que recogen información del exterior y la envían al sistema nervioso central. Además, existen otras células nerviosas que envían mensajes que contienen información de tu propio cuerpo.
Como ya hemos visto, el sistema nervioso central recibe los mensajes de todo lo que ocurre en el interior y el exterior de tu cuerpo a través de los nervios.
Los nervios pueden ser sensitivos o motores dependiendo de la dirección del mensaje.
  • Los nervios sensitivos llevan los mensajes desde los órganos hasta el sistema nervioso central (el encéfalo y la médula espinal). Por ejemplo, el nervio de tu oído lleva información al cerebro de los sonidos que recibe.
  • Los nervios motores llevan los mensajes desde el sistema nervioso central (encéfalo y médula espinal) hasta los órganos o hasta los músculos. Por ejemplo, ordena a los músculos de tus piernas que se muevan para poder bailar.

Los mensajes llegan por los nervios sensitivos al sistema nervioso central. El sistema nervioso central “estudia” estos mensajes. El sistema nervioso central envía las órdenes a través de los nervios motores.
EL SISTEMA NERVIOSO AUTÓNOMO O VEGETATIVO
¿Te has parado a pensar que tu corazón late sin que te des cuenta? Pues bien, hay unos nervios por los que discurren unos mensajes un poco especiales. Estos mensajes controlan funciones de órganos como el corazón o los pulmones que nosotros no podemos controlar a nuestro gusto. Funciones involuntarias que se gobiernan desde el sistema nervioso central pero de las que no somos conscientes, como la respiración, la digestión o el ritmo del latido del corazón. Estos nervios forman el llamado sistema nervioso autónomo o vegetativo

El encéfalo y la médula espinal

¿Dónde guardamos nuestros recuerdos? ¿De dónde surgen las emociones? ¿Conoces algún tipo de superordenador capaz de escribir historias, resolver problemas de matemáticas, dibujar, jugar, ver, escuchar o hablar? Ninguna máquina es comparable a tu sistema nervioso. Tu sistema nervioso dirige y controla todo tu cuerpo y su relación con el medio en el que vives.
EL SISTEMA NERVIOSO CENTRAL
El sistema nervioso central está formado por el encéfalo y la médula espinal. Estos órganos son como una gran torre de control desde donde se gobierna todo lo que ocurre en tu cuerpo.
El encéfalo está en la cabeza, dentro del cráneo. Los huesos del cráneo forman una caja muy resistente que los protege. ¡Si te das un golpecito con los nudillos en la cabeza podrás comprobar lo dura que es! El encéfalo está formado, de arriba hacia abajo, por el cerebro, el cerebelo y el tronco cerebral.
Debajo del tronco cerebral, como una prolongación de éste, está la médula espinal. Si con los dedos recorres la parte media de tu espalda hacia abajo, podrás tocar los huesos de las vértebras. Las vértebras forman la columna vertebral, que protege a la médula espinal de los golpes. La médula espinal tiene forma de cilindro alargado, que empieza en el cuello y llega hasta el final de tu espalda.
¿CÓMO ES TU CEREBRO?
El cerebro es el órgano más grande del encéfalo. Está dentro del cráneo. Cuando naces, tu cerebro pesa aproximadamente unos 350 gramos. ¡Cuando tengas 20 años pesará un poco más de un kilo! El cerebro está protegido por unas membranas que se llaman meninges. La parte más externa del cerebro se llama corteza cerebral y es de color gris (sustancia gris). Sin embargo, por dentro, la mayor parte del cerebro es de color blanco (sustancia blanca). Igual que el resto de tu cuerpo, el cerebro recibe también vasos sanguíneos que proporcionan el alimento y el oxígeno que sus células necesitan.
La superficie del cerebro es arrugada, con pliegues y surcos o cisuras. El cerebro está dividido en dos mitades iguales que se llaman hemisferios cerebrales. Hay un hemisferio derecho y otro izquierdo. Los hemisferios están unidos por el centro.
Cada hemisferio está divido en cuatro lóbulos. Cada lóbulo tiene zonas más o menos definidas donde se localizan funciones tan importantes como la visión, el lenguaje o la memoria.
¡Fíjate que curioso! Los nervios de la zona derecha e izquierda de tu cuerpo se cruzan antes de entrar o salir en el cerebro. Por esta razón, cada hemisferio controla la parte contraria de tu cuerpo. El lado derecho de tu cerebro controla la parte izquierda de tu cuerpo. El lado izquierdo de tu cerebro controla la parte derecha de tu cuerpo. La orden de chutar un balón con la pierna derecha procede del hemisferio izquierdo de tu cerebro.
¡Tu cerebro guarda todos tus secretos! ¡Una lista interminable! Todos tus pensamientos, tus emociones, tus recuerdos, tus deseos, tu lenguaje o tu capacidad de aprender, proceden de tu cerebro.
El cerebro recibe información del medio que te rodea a través de los órganos de los sentidos. Aunque nuestros ojos o nuestros oídos estén sanos, si la zona de nuestro cerebro que procesa las imágenes o los sonidos está lesionada no podremos ver ni oír. Tu cerebro también controla tus movimientos, ordena a tus piernas que corran, a tu mano que salude o a tus labios que sonrían.
En conclusión, tu cerebro controla el movimiento de tus músculos esqueléticos, las funciones superiores como la memoria o el aprendizaje y procesa la información que recibe de los órganos de los sentidos.
¿CÓMO ES TU CEREBELO?
El cerebelo forma también parte del encéfalo. Es más pequeño y está situado detrás, por debajo del cerebro. El cerebelo se parece al cerebro. Tiene una superficie rugosa con surcos y elevaciones y está también dividido en dos hemisferios.
El cerebelo controla el equilibrio y coordina, junto con el cerebro, los movimientos voluntarios de tu cuerpo. Tu cerebelo ayuda a que tus dedos se coordinen para tocar el piano, la guitarra o el violín. Tu cerebelo mantiene tu equilibrio cuando corres, saltas a la comba o andas sobre un bordillo.
¿CÓMO ES EL TRONCO CEREBRAL?
El tronco cerebral también forma parte del encéfalo. Está dentro del cráneo y es la continuación del cerebro y del cerebelo. Tiene forma de tronco con una zona más abultada por delante. Por debajo se continúa con la médula espinal.
¿Te has parado a pensar que tu corazón late sin que tú tengas que estar todo el tiempo preocupándote de que lo haga? El tronco cerebral se ocupa de controlar todas las funciones de las que no eres consciente, como el latido de tu corazón, la respiración o el parpadeo de tus ojos.
¿CÓMO ES LA MÉDULA ESPINAL?
La médula espinal empieza en el cuello y recorre casi toda tu espalda. Tiene forma cilíndrica y está protegida por la columna vertebral. De la médula espinal salen y llegan muchos nervios que se distribuyen por todo tu cuerpo. Si hacemos un corte transversal podemos ver en su interior una zona externa de color blanco (sustancia blanca) que rodea a una zona interna de color gris con forma de mariposa (sustancia gris). ¡Al revés que en el cerebro!
La médula espinal actúa como un mensajero que lleva información al encéfalo y reparte sus órdenes. ¡Si tocas un objeto muy caliente tu mano se retira sin que te des cuenta con mucha rapidez! Este tipo de movimiento es inconsciente y se llama reflejo. La médula espinal controla también los reflejos.
ALGUNAS ENFERMEDADES QUE AFECTAN AL CEREBRO
El sistema nervioso, igual que el resto del organismo, también puede enfermar. Algunos virus y bacterias producen infecciones. A veces, atacan las membranas que recubren el cerebro y producen meningitis. Otras, afectan solo al cerebro o, como en el caso de la poliomielitis, a la médula espinal. Una de las vacunas que se ponen cuando eres un niño es contra la poliomielitis. La poliomielitis es una enfermedad producida por unos virus que pueden causar una parálisis.
A veces conoces gente que no puede andar o que no puede ver. En algunos casos su sistema nervioso está dañado. El sistema nervioso central participa en muchas funciones como la visión, el lenguaje, el aprendizaje o los movimientos. Cuando una zona se lesiona se puede perder esa función. ¡Por eso es tan importante usar el casco al montar en moto o utilizar el cinturón de seguridad cuando vas en coche! 

El cuerpo humano

Tu cuerpo es asombroso. No existe ninguna máquina tan compleja. ¿Sabes que tienes más de 200 huesos y 600 músculos, o que el corazón, los pulmones o el estómago trabajan 24 horas al día durante toda tu vida? ¿Sabías que en tu cabeza está el centro que gobierna y controla tu organismo?
Las distintas partes de tu cuerpo se agrupan en sistemas. Cada sistema o aparato desempeña una función, y todos ellos trabajan juntos de forma coordinada para que tu cuerpo funcione correctamente.
TUS HUESOS Y TUS MÚSCULOS
Los huesos forman el esqueleto, que es una estructura que sostiene y protege tus órganos. La unión de un hueso con otro recibe el nombre de articulación. Algunas articulaciones son móviles: la del hombro permite que tu brazo se mueva en círculos; la de la rodilla hace que la pierna se desplace hacia delante y hacia atrás. Otras articulaciones, como la de los huesos del cráneo, no tienen ningún movimiento.
Tú te mueves gracias a los músculos. Algunos músculos recubren tus huesos y, al contraerse, tiran de ellos y hacen que tu cuerpo pueda moverse. Otros músculos forman parte de algunos de tus órganos.
TU SISTEMA NERVIOSO
El sistema nervioso controla y dirige todo tu cuerpo, así como su relación con el medio en el que vives. Está formado por el encéfalo, la médula espinal y los nervios. El encéfalo está dentro del cráneo; la médula espinal se aloja en el interior de la columna vertebral, y los nervios se distribuyen por todo tu organismo.
El encéfalo está formado por el cerebro, el cerebelo y el tronco cerebral. Desde el encéfalo se envían órdenes a todo tu cuerpo a través de tus nervios. Supongamos que quieres saltar; desde el encéfalo se transmiten señales que ordenan a los músculos de tus piernas que se muevan.
¿Te has parado a pensar que tu corazón late sin que te des cuenta? Hay mensajes que se ocupan de las funciones de órganos, como el corazón o los pulmones, que nosotros no podemos controlar con nuestra voluntad. Tu sistema nervioso le dice a tu corazón que tiene que latir, y a tus pulmones, que tienen que respirar, incluso cuando duermes.
Los nervios también transportan señales hacia tu cerebro. Así es como llega a tu cerebro lo que tus ojos están viendo o los sonidos que tu oído percibe.
TU APARATO CIRCULATORIO
Tu aparato circulatorio está formado por el corazón y los vasos sanguíneos (arterias, venas y capilares). Por este sistema circula la sangre, que sale del corazón y se distribuye por las arterias, para después regresar de nuevo al corazón a través de las venas. Durante este trayecto, reparte el oxígeno y los nutrientes, y recoge las sustancias de desecho.
El corazón es el motor que hace funcionar tu cuerpo ¿Sabías que cada vez que late expulsa la sangre de su interior y la empuja para que circule por todos los rincones de tu organismo? Tu corazón funciona como una bomba que envía sangre hacia los vasos sanguíneos.
Los vasos sanguíneos son tubos huecos y flexibles de diferentes tamaños que se distribuyen por todo tu organismo, como si fueran una red de autopistas, carreteras y caminos. Pueden ser de tres tipos: arterias, venas o capilares.
Las arterias son los vasos sanguíneos que llevan la sangre que sale de tu corazón hacia todas las partes de tu cuerpo. Las venas son los vasos sanguíneos que llevan la sangre desde todas las partes de tu cuerpo de nuevo hacia el corazón. Los capilares son los vasos sanguíneos más pequeños que existen. En ellos la sangre cede el oxígeno y los nutrientes a las células, y recoge los productos de desecho.
TU SISTEMA RESPIRATORIO
Tú utilizas tus pulmones para respirar. Cuando inspiras, introduces aire en ellos. Este aire contiene oxígeno, un gas que necesitas para vivir. La sangre que está en tus pulmones capta el oxígeno y cede al aire dióxido de carbono, un gas perjudicial para tu cuerpo. Cuando espiras, tus pulmones expulsan hacia el exterior el aire con el dióxido de carbono.
TU APARATO DIGESTIVO
Para poder vivir necesitas alimentarte. Los alimentos te proporcionan la energía y los componentes necesarios para construir o reparar los tejidos que forman tu organismo. Pero, para que tu cuerpo pueda utilizar los alimentos, es necesario que se produzca la digestión.
La digestión es un proceso que tiene lugar en el aparato digestivo, mediante el cual los alimentos se rompen en sustancias más pequeñas, llamadas nutrientes. Por lo tanto, la función de los órganos del aparato digestivo es descomponer los alimentos en nutrientes; absorber estos nutrientes, y eliminar los restos de los alimentos en forma de heces.
El aparato digestivo está compuesto por dos tipos de órganos: por unos pasan los alimentos y se fragmentan (la boca, el esófago, el estómago, el intestino delgado y el intestino grueso), y los otros son los que producen sustancias que participan en la digestión, pero por los que no pasa el alimento (el hígado y el páncreas).
TU APARATO EXCRETOR
Muchas de las sustancias que son perjudiciales o que simplemente no son necesarias para nuestro cuerpo se expulsan al exterior, en forma de orina, a través del aparato excretor. El aparato excretor está formado por los riñones y las vías urinarias. Los órganos del aparato excretor realizan una función muy importante, ‘limpian’ nuestro cuerpo.
Igual que el agua de una piscina pasa por una depuradora y sale de ella limpia, la sangre pasa por los riñones para depurarse. La sangre recoge los productos de desecho de las células del organismo. ¿Sabías que tus riñones limpian toda tu sangre unas 300 veces cada día? Los riñones trabajan sin descanso y producen la orina, que se almacena en la vejiga y se expulsa al exterior por la uretra.
TU SISTEMA INMUNITARIO
Tu sistema inmunitario te defiende de los gérmenes y otras sustancias que pueden hacerte enfermar. Los glóbulos blancos, o leucocitos, y otras defensas químicas de tu sistema inmunitario se apresuran para encontrar y destruir sustancias y microorganismos dañinos para tu cuerpo.
TU SISTEMA ENDOCRINO
El sistema endocrino está compuesto por un conjunto de glándulas, llamadas glándulas endocrinas. Las glándulas endocrinas producen hormonas. Hay muchas glándulas distintas, y cada una produce hormonas diferentes.
Las hormonas son sustancias que se fabrican dentro de nuestro cuerpo y que activan, desactivan o controlan algunas funciones del organismo. El crecimiento de tu cuerpo, la producción de la leche de la madre para el recién nacido o el desarrollo sexual normal propio de la pubertad son ejemplos de funciones controladas por las hormonas.
TU APARATO REPRODUCTOR
El aparato reproductor es la parte de nuestro cuerpo encargada de la función de la reproducción. El aparato reproductor de las mujeres es distinto del de los hombres, y los órganos que los forman también son diferentes.
El aparato reproductor masculino produce espermatozoides; el femenino, óvulos. Para que el ser humano se reproduzca tiene que producirse la unión de un espermatozoide y un óvulo. Esta unión dará origen a una nueva célula, que se llama huevo o cigoto y que se implantará en el útero de la mujer. A partir del cigoto se crearán millones de células nuevas, y durante unos nueve meses, el cuerpo del futuro bebé irá creciendo, poco a poco, en el vientre de su madre.
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